«Las 4 nortes en el día» 1000 m, 7a+/Ae. Montserrat

por | Jun 23, 2003 | Sin categoría | 0 Comentarios

Desde que me instalé en Monistrol de Montserrat, el macizo se ha convertido en parte de mi paisaje cotidiano. Desde aquí, la cara norte muestra una personalidad muy diferente. En junio, además, tiene un valor añadido: es prácticamente el único lugar donde encontrar sombra cuando el calor empieza a apretar.

Una llamada de Jordi Esteve siempre es una buena noticia. Y esta no es una excepción. Los dos tenemos ganas de hacer una buena jornada de tapia en Montserrat, algo especial. La conversación va creciendo y, casi sin darnos cuenta, la idea inicial se transforma en un reto mucho más ambicioso: enlazar varias de las grandes paredes de la cara norte en un solo día.

Pronto aparece una cifra mágica: 1.000 metros. El plan queda definido. Escalaríamos cuatro vías repartidas en las cuatro grandes paredes norte de Montserrat:

  • Punsola-Reniu (Cavall Bernat) – 220 m, 6c (V, Ae)
  • Reina Sánchez (Paret de Diables) – 235 m, 7a+ (V, Ae)
  • Alfanhui (Patriarques) – 230 m, 7b+ (5+, A1)
  • Fraguel Rock (Paret de l’Aeri) – 265 m, 6b+ (6b, Ae)

Elegimos el 21 de junio, el día más largo del año. La víspera subimos a dormir al refugio de Sant Benet. Allí nos encontramos con los habituales: Miquel, Enric, Juani y muchos otros. Entre conversaciones a la luz de las velas surge una referencia inevitable: Alsina y Endika habían realizado algo parecido años atrás. Sin buscar comparaciones, sabemos que vamos a seguir sus pasos.

Después, acabamos de preparar el material y la estrategia para autoabastecernos durante todo el día: esconderíamos una garrafa de ocho litros de agua y algo de comida en el Camí de l’Arrel. Así tendríamos un punto de avituallamiento cada vez que regresáramos a pie de la norte entre una vía y la siguiente.

A las cuatro de la madrugada suena el despertador. La aproximación resulta casi un regalo. En este momento recuerdo una frase de Alsina que siempre me hace sonreír: “A la norte siempre se va desde Sant Benet; es bajada a la ida y bajada a la vuelta”.

Con las primeras luces llegamos al pie de la Punsola-Reniu. Escalamos prácticamente toda la vía al ensamble hasta alcanzar los largos más exigentes. Los superamos encadenando y alcanzamos la cima del Cavall Bernat en apenas dos horas. Buen comienzo.

Descendemos por la canal del Cavall y nos dirigimos hacia el Ganivet de Diables. El sol empieza a reclamar protagonismo y sabemos que vamos a acabar pagándolo, especialmente en los pies. La Reina Sánchez ofrece una línea atractiva, aunque la calidad de la roca no siempre acompaña. Encadenamos todos los largos de artificial con cierta tensión, temblando más de una vez. El grado nos parece ajustado al 7a+ anunciado. Aun así, seguimos hacia adelante dándolo todo.

Tras alcanzar la cima de la Paret de Diables descendemos por la canal dels Avellaners. El siguiente objetivo queda ahora muy cerca: la Alfanhui, en Patriarques. Encadenamos el primer largo sin problemas. El segundo nos pone en nuestro sitio; quizás un buen 7b+, es exigente y tenemos que tomarnos algún reposo, aunque siempre en libre. El famoso largo expuesto, sin embargo, sale rápido y limpio. Esta cima es nueva para ambos.

La aproximación a la última pared se hace larga. El cansancio empieza a acumularse. Entramos en la Fraguel Rock y pronto aparece el primer 6b+, fino y exigente. A estas alturas ya estámos pagando la factura del día. El dolor en los pies es constante y los gatos de escalada se han convertido en un instrumento de tortura. Esta pared tiene un significado especial. La vía fue abierta por Salva González, referencia de varias generaciones de escaladores y durante años guarda del refugio de Santa Cecília. Una apertura desde abajo, en solitario y al rotpunkt, de las que inspiran respeto solo con leerlas. La noche nos alcanza en los dos últimos largos. En el último 6b+ termino cayendo. Es un largo atlético, duro, y ya no quedan demasiadas reservas. Poco importa. Seguimos hacia arriba hasta alcanzar la cima.

Objetivo cumplido.

Si contamos también la ascensión hasta la cima de Diables, han sido cerca de 1.000 metros de escalada montserratina. Dieciséis horas de actividad prácticamente ininterrumpida. El abrazo final es enorme. De esos que resumen todo un día de esfuerzo, dudas, motivación y compañerismo.

Regresamos al refugio. Los habituales siguen allí esperándonos. La cena está preparada. Entre el cansancio y la satisfacción, están las palabras de Miquel Talens al cruzar la puerta:

“Esta es vuestra casa”.

Y esta noche, después de una jornada así, realmente lo parece.

Guille Cuadrado

«Trencaigües» 125 m, 6b+/A3: repetición en la Prenyada, Sant Benet. Montserrat

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