«Directa Americana + Allain-Leiniger» 1100 m, 6c+ (6b+/A1 oblig.). Petit Dru 3.730m, macizo del Montblanc

Después de unos días en Montenegro, mi intención es pasar por Italia para visitar a unos amigos y, después, por qué no, intentar hacer algo en los Alpes.
Durante el viaje veo que se acerca una ventana de buen tiempo muy interesante en el centro de Europa. Ya hace días que hablo con Marcel Ferrer. Él tiene unos días libres y parece que, esta vez, todo va a cuadrar.
Como suele pasar con estas cosas, todo ocurre muy deprisa. Una previsión de buen tiempo es una magnífica noticia, pero también puede convertirse en un factor de estrés. Hay que decidir, preparar el material y ponerse en marcha.
El 13 de junio de 2026 ya estoy acampando en el Camping Les Arolles, en Chamonix. Y lo mejor de todo: Marcel ya está en camino desde Barcelona.
Por la tarde me acerco hasta Les Praz, prismáticos en mano, para observar el Petit Dru. La Directa Americana está completamente seca.
Preparando el asalto
Cuando se derrumbó el Pilar Bonatti, los días 29 y 30 de junio de 2005, una buena parte de la estructura de la cara oeste del Petit Dru quedó afectada. El desprendimiento también se llevó el tercio superior de la Directa Americana.
En agosto de 2008 ya había intentado esta vía junto a Víctor Esteve, pero tuvimos que abandonar por el mal tiempo. Entonces nos dijeron en la Maison de la Montagne que se podía salir por un tramo de artificial hacia la cara norte, después del Diedro de 90 metros.
Ahora, sin embargo, tengo dudas sobre las condiciones de la cara norte. Este año ha nevado mucho y todavía estamos en esa línea imprecisa que separa las ascensiones invernales de las estivales.
Le envío un mensaje a Martí Elías, guía de la zona. Su respuesta es clara: la norte todavía tiene bastante nieve. Con buen criterio, nos aconseja llevar crampones monopunta y piolets. Probablemente encontremos algún largo tapizado de hielo y nieve.
Por la noche llega Marcel al camping. Se ha hecho el viaje de una tirada y viene muy motivado. Le cuento todo lo que he podido recopilar.
Hacia el Petit Dru
El 14 de junio, por la mañana, terminamos de preparar todo. Por la tarde cogemos el tren cremallera hacia Montenvers.
La Mer de Glace está ya muy deteriorada en esta época del año. El track que llevamos nos hace remontarlo hasta bastante arriba. Después de aproximadamente una hora llegamos al Paso de los Guías, por donde debemos subir por la vertiente contraria.
Me extraña muchísimo este camino. Recordaba que en 2008 habíamos subido por otro lugar, justo enfrente de Montenvers.
Bajo el Paso de los Guías nos encontramos con un austríaco que acaba de bajar de la Directa. Nos explica que ellos también aproximaron por aquí y que el antiguo camino que remontaba el glaciar enfrente de Montenvers ya no se utiliza porque el nivel del glaciar ha descendido muchísimo.
También nos da una buena noticia: la norte del Dru está en buenas condiciones y se puede escalar mucho por la roca, incluso con pies de gato.
Así que remontamos el Paso de los Guías y, cuatro horas después, llegamos al vivac situado frente al pie de vía.
La escalada
Hoy es 15 de junio, mientras desayunamos, se nos acaba una de las dos pequeñas cargas de gas que llevamos. Nos extraña que no haya nadie aquí. Parece que vamos a estar solos en la pared.
La estrategia será sencilla: remontar un petate pequeño con lo más pesado y que el segundo lleve una mochila con lo más voluminoso.
La idea es que quien escale de primero lo haga sin mochila.
Antes de las nueve de la mañana ya estamos escalando los primeros largos del zócalo. El quinto grado es mantenido y en algunos momentos difícil de escalar. Hay algún químico emplazado.

A partir de la parte superior del zócalo los largos empiezan a ponerse serios. Aparecen las fisuras de 6b.

El Dulfer de 45 metros es muy físico y tiene una entrada muy obligada. Los guantes de fisura nos vienen especialmente bien.

Cuando llegamos al largo 15 encontramos una repisa con nieve donde se puede vivaquear. Para no tener que escalar de noche hasta el bloque empotrado, que era la idea original, decidimos dormir aquí.

La sorpresa del día llega entonces: una de las botellas de agua se ha pinchado con la punta de un crampón dentro del petate.
Poca agua. Poco gas. Pocas opciones para cocinar. Las barritas energéticas van a convertirse en nuestro menú favorito.
El Diedro de 90 metros

Al día siguiente, mientras recogemos el vivac, aparece Rémi Thivel, que va dirigiendo a un grupo de aspirantes a guía. Escala con Virgile, un escalador fuera de serie con varios récords de velocidad en los Alpes.
Intercambiar unas palabras con Rémi resulta muy agradable. Les cedemos el paso. Seguramente llegarán a la cima al mediodía.
Nosotros continuamos después de otros tantos largos preciosos de sexto grado mantenido hasta llegar al Diedro de 90 metros. Son dos largos alucinantes, aunque no consigo encadenarlos.


Después viene una travesía delicada hacia la izquierda para alcanzar el conocido tramo de artificial. La mayoría de los buriles han desaparecido, pero una cuerda estática une las expansiones más nuevas. Mucho del artificial se hace remontando esta cuerda.


Llegamos así a una plataforma en la cara norte. Aquí enlazamos con la ruta Allain-Leininger.
Hay nieve y también hielo en el interior de las chimeneas y los diedros. Aun así, el Gran Nicho, que ahora queda por debajo de nosotros, está muy degradado.
Después de hidratarnos y comer un poco, reemprendemos la escalada.
El ambiente es completamente alpino y la ruta empieza a exigirnos algo más de intuición para encontrar el itinerario.
Lluvia, granizo y la Fisura Allain
En el segundo largo empieza a llover.
Más tarde, a granizar.
No nos paramos. Solo pienso en qué sería una gran norte sin estas condiciones.

Después escalo la Fisura Allain. Está completamente mojada y el granizo apenas me deja ver. Subo agarrándome a todo lo que puedo y haciendo alguna salida en libre, confiando simplemente en no patinar.
El siguiente largo lo hace Marcel. Es muy sinuoso y difícil en estas condiciones.
Por suerte, deja de llover.
Los siguientes largos son atléticos, en 5+ mantenido. En uno de ellos Marcel encuentra un hilo de agua que nos permite llenar las dos botellas que llevamos.
Es un auténtico alivio volver a tener agua. Pero no ha sido gratis. Se nos ha hecho de noche. Hacemos vivac sobre unas gradas cubiertas de nieve.
La vista de la puesta de sol es conmovedora.
La cima del Petit Dru
Al día siguiente hacemos tres largos más, esta vez de nieve y hielo, hasta llegar a la cueva de cuarzo.
Desde allí podemos pasar a la cara sur por un agujero estrecho.
Ahora escalamos al sol y avanzamos en travesía hacia la derecha, buscando el collado entre los dos Drus.
Finalmente llegamos a la cima. En el abrazo nos transmitimos alegría y serenidad. Ya son muchas las actividades que he compartido con este amiguito.

El descenso
Desde la cima iniciamos el descenso directamente por la cara sur.
En un momento dado nos vamos demasiado hacia la izquierda, por un terreno muy tétrico, y terminamos en un corredor ancho. Nos hemos equivocado.
Lo desgrimpamos, conseguimos flanquear hacia la derecha y finalmente llegar a Les Flammes de Pierre.
Ahora el terreno es menos vertical, aunque también encontramos numerosos rápeles.
Me llama la atención el poco material abandonado recientemente en las instalaciones. Sospecho que actualmente la gente baja por otro lugar.
Finalmente llegamos a la travesía rocosa que nos conduce al Glaciar de Charpoua.
Allí encontramos a tres españolas que vienen de hacer la Bastien-Contamine. Nos dicen que es una vía muy buena, aunque dura para el grado.
Bajamos juntos hasta el Refugio de Charpoua.
Durante la noche no puedo evitar sentir una enorme satisfacción después de haber escalado esta gran clásica de los Alpes.

La American Direct fue abierta por Gary Hemming y Royal Robbins entre el 24 y el 26 de julio de 1962.
Robbins cuenta que emplearon 96 pitones y retiraron 94, un dato bastante significativo porque refleja la filosofía de escalada limpia que ambos estadounidenses estaban trasladando desde Yosemite a los Alpes.
Hicieron primero un intento fallido. Alcanzaron unos 300 metros, pasaron la noche en la pared y tuvieron que retirarse cuando llegaron la lluvia, el viento fuerte y la tormenta.
Unos días después regresaron y consiguieron completar la vía.
Aquí dejo la propia crónica de Royal Robbins, publicada en el American Alpine Journal de 1963.
https://publications.americanalpineclub.org/articles/12196337500/A-New-Route-on-the-Petit-Dru-West-Face-Direct?utm_source=chatgpt.com
La Norte Clásica del Dru fue abierta por Pierre Allain y Raymond Leininger entre el 31 de julio y el 1 de agosto de 1935.
En aquella época fue considerada una de las escaladas más difíciles de los Alpes.
Llegaron bajo la cara norte con unos medios que hoy resultan sorprendentes.
Allain escaló sin crampones y sin botas de montaña, utilizando calzado de suela de goma —precisamente uno de los avances que él mismo estaba desarrollando—. Además, llevaban una cuerda de cáñamo de apenas 7 mm.
Lo más interesante es que no eran simplemente alpinistas clásicos.
Pierre Allain procedía del mundo de Fontainebleau y estaba trasladando a las grandes paredes alpinas las técnicas de la escalada de dificultad.
La ascensión del Dru fue, en muchos sentidos, una demostración muy adelantada a su tiempo.
»Ciao Marco» 250 m, 6b, ED-. Pointe Wenger de l’Évêque 3.190 msnm

A la mañana siguiente podemos descansar y disfrutar del buen tiempo.
Desde la hamaca del refugio vemos a dos personas escalando en la pared de enfrente.
Esta zona está llena de paredes, contrafuertes y agujas, con una enorme cantidad de buenas rutas.

Nos interesamos por la vía que están haciendo.
Cogemos la guía del refugio y le echamos un vistazo. Están en la Ciao Marco.
Le propongo a Marcel que, ya que estamos aquí arriba, podríamos intentar hacer algo más. Estamos cansados, pero ahora ya estamos aquí y estaría bien aprovecharlo.
A él le parece una propuesta lógica.
En poco tiempo ya estamos remontando la arista hasta alcanzar el glaciar.
Empezamos la escalada. La roca es realmente buena.
Escalada de fisuras, con algún largo duro que pide un friend del número 4, aunque no lo llevamos. Podemos pasar bien sin él.

La escalada es soberbia. De lo mejor que he escalado aquí.
En el cuarto largo, después de las expansiones que marca la guía, me anticipo y subo recto. Me parece durísimo, como un 7a+.
Finalmente, después de varios vuelos, consigo pasar y coloco un Totem lila en una fisura.
Es entonces cuando me doy cuenta del error: desde la tercera expansión había que seguir flanqueando hacia la derecha y la vía continúa por detrás del espolón.
Decido bajarme del Totem y seguir por la línea original. Ya lo recuperaremos durante el descenso.
Después de hacer el último largo empieza a llover. Es hora de bajar. Rapelamos toda la vía y la lluvia se hace cada vez más intensa.


Desde allí vemos el descenso del Dru que hemos realizado el día anterior. Ahora es un río letal, lleno de cascadas. El espectáculo es realmente impresionante.
Con semejantes condiciones durante el descenso, se nos olvida recuperar el Totem.
Cuando llegamos al refugio conseguimos convencer a una pareja de suizos para que hagan la vía al día siguiente y nos recuperen el material. Realmente, la vía se lo merece.
Al día siguiente hacemos las mochilas y emprendemos el largo descenso que, en unas cinco horas, nos lleva hasta Montenvers.
De vuelta en Chamonix podemos quedar con los suizos y recuperar el Totem.

La ruta Ciao Marco fue abierta por Pierre y Gilles Bornet y Marc Bremer los días 6 y 7 de agosto de 1993.
Marco Pedrini murió el 16 de agosto de 1986, después de sus ascensiones en solitario en los Drus.
Un recuerdo publicado por Ermanno Salvaterra confirma esta fecha y termina su artículo con unas palabras sencillas y contundentes:
«Ciao Marco».
Descansando en el camping, también recibimos un audio de un amigo de Marcel en el que nos explica que el descenso que hemos realizado está totalmente obsoleto. Actualmente se baja subiendo al Grand Dru y después por una línea de rápeles hasta el glaciar.
Mucho más seguro.


Guille Cuadrado









