El fisurero: historia y técnica de un seguro clásico

por | Oct 6, 2026 | Sin categoría | 0 Comentarios

Los fisureros son uno de los sistemas de protección más sencillos y, al mismo tiempo, más versátiles de la escalada en roca. No tienen mecanismos móviles ni muelles: su seguridad depende de la forma de la pieza, de cómo queda encajada en la fisura y, sobre todo, de la calidad del emplazamiento.

A pesar de la aparición de sistemas de protección más sofisticados, los fisureros continúan siendo una herramienta fundamental para la escalada clásica y tradicional. Conocer su historia, sus diferentes diseños y, especialmente, aprender a colocarlos correctamente permite aprovechar todo su potencial.

           

 

Empotradores activos y pasivos

Los empotradores pueden dividirse, de forma general, en activos y pasivos.

Los empotradores activos incorporan mecanismos móviles que permiten modificar su anchura o generar presión sobre la roca. En este grupo encontramos, entre otros, los friends, ball nuts, big bros, tricams.

Los empotradores pasivos, en cambio, no disponen de mecanismos móviles. Su funcionamiento depende de la geometría de la pieza y de la forma de la fisura. En este grupo encontramos los fisureros, tricams utilizados como fisureros, nudos, piedras empotradas y otros.

Los fisureros son, básicamente, un cuerpo metálico– con una geometría concreta diseñanda para encajarse en diferentes anchuras de fisuras. También en otros emplazamientos como agujeros y entre una infinidad de formas caprichosas de la roca — unido a un cable o cinta, donde se conecta el mosquetón.

Aunque un cordino puede transmitir mejor la carga que un cable metálico, los fisureros modernos utilizan prácticamente siempre cables de acero, mucho más resistentes a la abrasión y que facilitan tanto su colocación como su recuperación.

 

Un poco de historia

La historia de los fisureros está estrechamente ligada a la evolución de la escalada libre y a la búsqueda de sistemas de protección que permitieran reducir el impacto sobre la roca.

Hasta los años treinta, especialmente en Inglaterra, la escalada libre basada en el equilibrio y la habilidad del escalador era el estilo predominante. El uso de clavijas era considerado por algunos sectores como una práctica poco ética, especialmente cuando se utilizaban para progresar artificialmente.

En 1926, el escalador inglés Morley Wood popularizó el uso del chockstone: piedras naturales introducidas en las fisuras y aseguradas mediante anillos de cuerda. Era una solución sencilla que aprovechaba directamente la morfología de la roca.

 
Las primeras piezas metálicas

Durante los años cincuenta comenzaron a utilizarse los primeros empotradores metálicos. Muchos de ellos eran soluciones prácticamente artesanales: tuercas de diferentes tamaños y otras piezas metálicas que podían encajarse en las fisuras.

En 1961, John Brailsford, herrero de Sheffield, diseñó el Acorn, una pieza de aluminio con forma aproximada de bellota y rematada con un cordino.

Un año después, en 1962, desarrolló el Moac, considerado uno de los primeros fisureros específicamente diseñados como elemento de protección para escalada.

 
Del cordino al cable de acero

Otro paso importante fue la incorporación del cable de acero.

Charles Curtis fue probablemente uno de los primeros en desarrollar fisureros con cable. De esta evolución surgieron los Little Mesters.

Los primeros diseños presentaron problemas importantes de fabricación. El aluminio fundido se vertía sobre el molde que contenía el cable y, durante este proceso, el calor podía debilitar el acero hasta el punto de provocar su rotura bajo carga.

En algunos de estos primeros diseños todavía podemos observar cómo la unión del cable queda integrada en el interior de la cabeza del empotrador.

En 1964, Trevor Peck, buscando solucionar los problemas derivados del moldeado del aluminio, desarrolló los Crackers. Se fabricaban en acero estriado o en duraluminio.

El cable de acero se unía mediante soldadura de plata y posteriormente se cerraba con un casquillo Talurit.

   

Hoy el sistema de unión es mucho más sofisticado. El cable se fija mediante un proceso de prensado en caliente, en el que el casquillo se calienta sin llegar a fundirse y posteriormente se somete a una elevada presión para conseguir una unión resistente y permanente.

 
La fabricación se convierte en una industria

A mediados de los años sesenta, la fabricación de empotradores dejó de ser una actividad casi artesanal y empezó a convertirse en una auténtica industria.

En 1964 apareció la marca Troll, fundada por Tony Howard y Alan Waterhouse, una de las grandes marcas británicas de la época. La empresa desarrolló una amplia colección de cuñas, entre ellas la Big-H, diseñada para fisuras anchas.

Otro diseño interesante fue el Tee Chock, fabricado a partir de una barra de aluminio con forma de T.

   

En 1970, buena parte de los mejores empotradores del mercado eran de fabricación europea, especialmente británica, precisamente en el país donde se había producido buena parte de esta evolución.

Ese mismo año, en Estados Unidos, John Stannard publicó un artículo en el que advertía sobre el rápido deterioro que podía producir la colocación repetitiva y masiva de clavijas en determinadas rutas.

La necesidad de proteger la roca impulsó todavía más el desarrollo de los sistemas de protección natural.

En este contexto aparece una figura fundamental en la historia de la escalada: Yvon Chouinard, responsable de numerosos diseños y materiales que revolucionaron la escalada en roca.

Entre sus creaciones destacaron diferentes modelos de empotradores de tubo, los conocidos tube chocks.

     

 

Los excéntricos y los primeros diseños asimétricos

En 1971, Chouinard desarrolló los excéntricos regulares, de geometría simétrica.

En 1974 modificó este diseño y creó los excéntricos asimétricos. La nueva geometría permitía conseguir diferentes puntos de apoyo y adaptarse a una mayor variedad de fisuras.

También desarrolló el Crack-n-Up, un empotrador extremadamente delgado, con una forma similar a un ancla, destinado a proteger fisuras muy estrechas.

En 1972, Doug Robinson publicó The Whole Natural Art of Protection, un artículo que apareció en el catálogo de productos de Yvon Chouinard y que se convirtió en un texto de referencia en la evolución de la protección natural.

La idea de utilizar sistemas de protección que no dañaran la roca también fue defendida por escaladores como Royal Robbins.

 

Copperheads, Foxheads y otros diseños

Otro personaje importante fue Bill Forrest, creador de los Copperheads, pequeñas cabezas de cobre montadas sobre el extremo de un cable de acero.

Forrest desarrolló también los Foxheads, una especie de fisureros piramidales de caras planas fabricados en aluminio, además de algunos diseños realizados en plástico.

Entre sus creaciones también encontramos las puntas de flecha, con cabezas de cobre y diferentes configuraciones destinadas a fisuras y emplazamientos muy pequeños.

En 1973, Kris Walker y Bill Forrest desarrollaron el Titon, un empotrador con forma de T fabricado en acero para los tamaños pequeños y en aleación de aluminio para los grandes.

 
 
Hacia el fisurero moderno

En 1979, el estadounidense Gaylord Campbell comercializó dos juegos de empotradores con un diseño que suponía una importante evolución respecto a las cuñas tradicionales.

Las caras de los fisureros dejaron de ser completamente rectas y empezaron a trabajarse para conseguir un mayor contacto con la roca y, por tanto, una mayor estabilidad.

Así aparecieron los Wedgefasts y los Saddlewedges, fabricados en aluminio anodizado.

Mientras tanto, en Inglaterra, Vallance Marcos creó una empresa que acabaría convirtiéndose en una de las grandes referencias mundiales de la protección natural: Wild Country.

Una de sus aportaciones más importantes fueron los fisureros comercializados a partir de 1979 bajo el nombre de Rocks.

Su diseño estaba cuidadosamente estudiado para conseguir tres puntos de apoyo sobre la roca. Las caras comenzaron a adquirir formas curvas y, en los tamaños grandes, se eliminó material de la zona central para reducir el peso.

El camino hacia el fisurero moderno estaba ya claramente trazado.

 

 

Los fisureros modernos

Tipos de fisureros

Como he explicado al principio, los fisureros son, básicamente, un cuerpo metálico – con una geometría concreta diseñanda para encajarse en diferentes anchuras de fisuras. También en otros emplazamientos como agujeros y en multitud de formas caprichosas como salientes y chorreras – unido a un cable o cinta, donde se conecta el mosquetón.

El cuerpo metálico suele estar fabricado con una aleación de aluminio. El cable es de acero y en el caso de llevar cinta, suelen ser de Poliamida (nylon), o polietileno de alto módulo (HMPE).

Si atendemos a esta definición, podeos hablar de diferentes tipos de fisureros:

 
De cuña o convencionales (Wallnuts)

Son los fisureros más habituales actualmente.

Son curvos. Presentan una cara cóncava y otra convexa y sus lados no son paralelos.

Toda esta geometría permite que puedan introducirse en fisuras de diferente anchura y encontrar puntos de bloqueo eficaces.

Algunos modelos incorporan pequeñas estrías o muescas en la cara cóncava. Destinadas a aumentar la fricción con la roca.

 

Asimétricos (Offset)

Fisureros con una geometrría asimétrica , en los que los lados presentan diferentes anchuras. Están diseñados para adaptearse mejor a fisuras que se estrechan de manera irregular.

 
Excéntricos

Fisurero cuyo cuerpo metálico presenta seis caras, dispuestas de forma asimétrica, con diferentes ángulos de inclinación entre ellas. Esta geometría permite que pueda encajarse en fisuras de anchura variable o de paredes irregulares.

Los lados de este aparato tampoco suelen ser paralelos.

De todos los tipos de fisureros podemos encontrar varidad de medidas así como diferentes fabricantes muy destacados: Koubaclimbing, Wildcountry, Blackdiamond.

 

Tricams 

El tricam puede trabajar como empotrador activo o pasivo. Está formado por una pieza metálica de geometría aproximadamente triangular, unida a un cable o cinta. El triángulo lo forman una cara convexa y, en el lado opuesto, una cara con una prominencia o punta que actúa como punto de apoyo y puede clavarse o presionar contra la superficie de la roca

 

Otros empotradores pasivos:

 

Piedras empotradas (Chockstone)
Nudos
Friends biaxiales
Cierto material para escalada artificial como los bird peaks o los ganchos

 

Características de los fisureros

Los fisureros presentan varias ventajas:

  • Son resistentes.
  • Son relativamente ligeros.
  • Tienen cierta capacidad de deformación.
  • Son sencillos de colocar.
  • Y, comparados con otros sistemas de protección, tienen un precio relativamente bajo.

Su principal inconveniente es que no siempre resulta fácil visualizar cómo están apoyando sus caras sobre la roca. Además, algunos emplazamientos pueden resultar bastante entretenidos de recuperar.

Precisamente por eso, la experiencia y la capacidad para interpretar la forma de la fisura son fundamentales.

 

Colocación de un fisurero

Colocar correctamente un fisurero exige mucho más que encontrar una fisura donde aparentemente encaje.

Cuando la pieza trabaja correctamente, la creatividad se convierte en uno de los elementos fundamentales de la protección natural.

Podemos recordar un principio básico:

Un anclaje es bueno cuando el material es adecuado, el emplazamiento es apropiado y la roca es de buena calidad.

La pieza debe quedar colocada buscando un auténtico efecto de cuello de botella. Es decir, debe existir una zona de la fisura que sea más estrecha hacia el sentido en el que el fisurero tenderá a desplazarse cuando reciba una carga.

Debemos buscar que la parte inferior de la fisura sea más estrecha que la superior y que la zona exterior sea más estrecha que la interior, dependiendo de la dirección de carga.

Cuando se produce una caída, el empotrador transmite una fuerza considerable sobre la roca. Por ello debemos evitar colocarlo detrás de lajas, bloques o fragmentos de roca inestables.

Los off-sets, por su geometría, están especialmente diseñados para trabajar en fisuras que se abren hacia afuera, pero no deben confundirse con emplazamientos en los que la pieza pueda deslizar hacia abajo.

 

Orientación y dirección de carga

La orientación del fisurero es fundamental.

Siempre que sea posible, el cable debe quedar orientado en la dirección de la carga. De esta manera evitaremos movimientos de la pieza que puedan provocar que se afloje o se salga de su emplazamiento durante una caída.

La superficie de contacto debe estar seca, limpia y lo más sólida posible.

Un fisurero puede colocarse básicamente en dos posiciones:

  • De lado (contacto de las caras): es la posición preferible cuando permite conseguir una mayor superficie de contacto.

  • De cara (contacto de los lados): puede ser una buena solución en fisuras superficiales o muy abiertas, aunque generalmente ofrece un emplazamiento menos estable.

La posición definitiva dependerá siempre de la geometría de la fisura y de la dirección de la posible carga.

 

Buscar el máximo contacto

En fisuras en V o con un estrechamiento relativamente uniforme, buscaremos que las caras del fisurero tengan el máximo contacto posible con la roca.

Cuando esto no sea posible, intentaremos que la pieza quede firmemente asentada en la zona superior de sus caras.

En términos generales, cuanto mayor sea el contacto adecuado entre el fisurero y la roca, mayor será la estabilidad del emplazamiento.

En fisuras irregulares y complejas tendremos que buscar una combinación de contacto y presión entre las partes convexas y cóncavas del fisurero.

La geometría ideal dependerá del modelo y de la forma concreta de la fisura, pero debemos buscar que la pieza quede realmente trabada y no simplemente apoyada.

 

Asentar y proteger el fisurero

Una vez colocado, es conveniente asentar la pieza con un tirón controlado para comprobar que queda correctamente bloqueada.

Después debemos evitar que el movimiento de la cuerda pueda desplazarla. Para ello utilizaremos cintas suficientemente largas.

Si vamos a realizar un flanqueo o alguna maniobra que pueda mover el último seguro, podemos añadir una segunda pieza para bloquearla a la vez que redundante.

Esto es especialmente importante cuando el último seguro es un fisurero: el movimiento de la cuerda puede hacer que se desplace, se afloje o incluso se salga del emplazamiento.

En determinados casos podemos fijar la pieza mediante otra protección y unir ambas mediante una cinta, utilizando los nudos apropiados.

En secciones especialmente difíciles, en las que solo podemos utilizar una mano, un sistema de amarre que permita mantener la pieza fijada puede resultar muy útil.

 

Seguros en oposición

No siempre podremos orientar un fisurero directamente en la dirección de la caída.

Un ejemplo clásico son las fisuras horizontales, donde la geometría puede impedir que un único empotrador trabaje correctamente.

En estas situaciones podemos utilizar dos seguros que trabajen en oposición, creando un sistema en el que las fuerzas se compensen.

La forma concreta de triangular o conectar las piezas dependerá de la geometría del emplazamiento y de la dirección de carga.

 

Fisureros en agujeros

En algunos agujeros de la roca podemos encontrar un pequeño efecto de cuello de botella en una de las dos posiciones posibles del fisurero.

En ese caso colocaremos la pieza de manera que el estrechamiento impida que pueda salir en la dirección de la carga.

Otro recurso interesante consiste en utilizar una segunda pieza para bloquear la primera.

De nuevo aparece un concepto fundamental en la protección natural: la redundancia.

 

El efecto polea sobre un fisurero

La resistencia de un sistema de protección no depende únicamente de la resistencia nominal del empotrador.

La forma en que se transmite la fuerza, la dirección de la carga, el factor de caída, la elasticidad de la cuerda y la configuración del sistema pueden modificar considerablemente las fuerzas que recibe la pieza.

En particular, debemos tener presente el efecto polea, que puede aumentar notablemente la carga aplicada sobre un seguro.

Por ello no debemos interpretar la resistencia indicada por el fabricante como una garantía absoluta de que un fisurero vaya a soportar cualquier situación.

 

Extracción

Para extraer un fisurero utilizaremos preferentemente un sacafisureros.

Es importante evitar golpear o hacer palanca directamente sobre el cable de acero, tanto por encima como por debajo de la cuña, ya que podemos dañarlo.

Una vez liberado el empotrador, lo recuperaremos sin deschapar la cinta de la cuerda, evitando así que pueda caer.

Podemos dejarlo colgando del material mientras continuamos escalando y, cuando estemos en una posición cómoda y segura, volver a colocarlo en el arnés.

 

Otras utilidades de los fisureros

Aunque su función principal es proteger fisuras, los fisureros son mucho más versátiles de lo que puede parecer.

Con experiencia pueden utilizarse en numerosos emplazamientos naturales: fisuras, huecos entre bloques, lajas, pequeños agujeros y otras irregularidades de la roca.

 

Como seguro de reunión

Un fisurero puede formar parte de una reunión, siempre que el emplazamiento reúna las condiciones necesarias de resistencia y estabilidad.

Como siempre, debemos considerar:

  • la calidad de la roca;
  • la solidez del emplazamiento;
  • la dirección de las cargas;
  • la redundancia;
  • y la correcta distribución de las fuerzas.

Cuando sea posible, puede ser interesante reservar los friends para el largo, ya que su colocación suele ser especialmente rápida.

 

Para chapar clavos antiguos

También pueden resultar útiles para chapar determinados clavos cuyo ojo ha quedado hundido o pegado a la pared y no permite introducir un mosquetón moderno.

Algo parecido puede suceder con determinadas chapas antiguas cuyos orificios son demasiado pequeños para los mosquetones actuales.

 

Como sustitución temporal de una chapa

En determinadas circunstancias, un fisurero puede utilizarse como elemento de conexión cuando nos encontramos con una cabeza de buril, espit o parabolt cuyo punto de conexión no permite introducir directamente el mosquetón.

Naturalmente, la solución dependerá de la geometría concreta del anclaje y de la forma en que vaya a trabajar.

 

Como puente de roca

También podemos utilizar un fisurero en determinados puentes de roca pequeños, especialmente cuando pasar un cordino por el interior supondría un desgaste innecesario o una maniobra complicada.

 

Una herramienta sencilla que exige experiencia

Los fisureros son uno de los elementos más sencillos de la protección en escalada. Una pieza metálica, un cable y una geometría cuidadosamente estudiada.

Pero detrás de esa aparente sencillez existe una gran cantidad de conocimiento.

Saber utilizar un fisurero no consiste únicamente en saber dónde introducirlo. Hay que leer la roca, interpretar la dirección de la carga, valorar la calidad del emplazamiento, entender cómo trabaja la pieza y prever cómo puede comportarse durante una caída.

La protección natural exige criterio. Y ese criterio se adquiere combinando conocimientos técnicos, práctica y experiencia.

Los fisureros forman parte de una larga evolución histórica que comenzó con una simple piedra empotrada en una fisura y que, décadas después, continúa siendo plenamente vigente.

Precisamente ahí reside buena parte de su interés: son simples, ligeros, fiables cuando están correctamente colocados y permiten escalar protegiendo la roca en lugar de modificarla.

Guille Cuadrado

 

Bibliografía

  • PENNEQUIN, Stéphane (2001). 2001, a Nut Odyssey.
  • LONG, John & GAINES, Bob (2006). Anclajes de Escalada. Reuniones y Seguros. Ed. Desnivel.
  • SOLES, Clyde (2001). Material para Roca y Hielo. Ed. Desnivel.
  • MARTIN, James & TWIGHT, Mark F. (2002). Alpinismo Extremo. Ed. Desnivel.

 

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