«Cassin» 800m 6a. Cara norte del Piz Badile 3.308 msnm, Alpes de Bregaglia

Es julio de 2026. Tengo unos días libres y se avecina toda una semana de buen tiempo en Chamonix. Enseguida hablo con Albert Tirón. Él suele subir para volar en parapente y, por qué no, intentar hacer alguna alpinistada. Y si puede conjugar las dos cosas, mejor que mejor.
Empezamos a cuadrar el calendario. Le propongo hacer la larga arista de Peuterey. Parece que acepta a regañadientes; tantos metros de escalada en roca no le acaban de convencer. A él le va el cardio duro, pero esta actividad nos puede complacer a los dos.
En poco tiempo ya se ha subido en coche desde Tortosa. No quiere perder días de buen tiempo para volar. Así que el 19 de julio compro un billete de avión para ese mismo día.
Preparo las cosas —siempre se tarda mucho— y embarco tal y como tenía pensado. Después de llegar a Ginebra y coger el bus que va a Chamonix, a las once de la noche ya estoy durmiendo en el camping Les Arolles.
A la mañana siguiente aparece Albert y nos vamos a desayunar y a ultimar las compras por Chamonix. Volvemos a repasar la meteo. Parece que la arista de Peuterey va a tener que esperar. No hay precipitaciones, pero el viento en altura es muy fuerte. Lógicamente, no es lo más conveniente para este tipo de escalada, tan expuesta sobre las aristas.
Entonces le propongo desplazarnos a la Val Bondasca para intentar la cara norte del Piz Badile. Es una gran pared que tengo pendiente. En agosto de 2014 la intenté con Félix Sánchez, pero el mal tiempo constante solo nos permitió acercarnos hasta el refugio.

El 21 de julio ya estamos en Bondo. Durante el camino hemos ido recopilando información. Yo sabía que, desde hace unos años, el camino original al refugio Capanna Sasc Furä había quedado inutilizado por un derrumbe procedente de la cara norte del Piz Cengalo. Sabía también que ahora se subía por el camino que va hacia el refugio Gianetti, en unas cuatro o cinco horas.
La sorpresa que acabamos de descubrir es que el camino original ha sido restaurado y el acceso vuelve a ser mucho más corto.
Efectivamente, en una hora y cuarenta y cinco minutos ya estamos en el refugio, listos para la cena.


Daniela, la guarda del refugio, nos atiende muy amablemente. Hace poco que ha estado en Barcelona de turismo y eso nos da pie a hacer muy buenas migas. Nos proporciona información privilegiada: ocho cordadas van a ir a la Cassin y unas cinco al Espolón Norte.
También nos dice que todo el mundo se va a levantar sobre las cuatro para desayunar. Entonces decidimos levantarnos los últimos. Para estar esperando a pie de vía, preferimos dormir. No vamos a llevar a nadie detrás y, de paso, evitaremos los tapones. Dejar que pase todo el mundo va a ser nuestra estrategia.
Es una ascensión mítica de Riccardo Cassin y hay que vivirla lo más en solitario que sea posible. Esta vía se lo merece.
No vemos ningún problema en llegar a la cumbre tarde. No llevamos material para dormir, pero sabemos que en la cima está el vivac Alfredo Redaelli, una pequeña cabaña con seis plazas apretadas, colchones y mantas.
La escalada
El 22 de julio de 2026, tal y como estaba previsto, nos levantamos a las seis y salimos a las siete hacia la pared. Ya hace rato que es de día.
Hacemos la aproximación de unas dos horas y media hasta el collado con el Espolón Norte. La pared está completamente iluminada; es una maravilla. Hacemos un rápel y ya estamos a pie de pared.
Pasamos por detrás del característico nevero colgado, hacemos un largo de III+ y ya estamos al pie de la vía, bajo el Diedro Rebuffat.
A unos tres o cuatro largos por delante va una cordada de tres. Empiezo a escalar. El terreno es fácil y progresamos rápido. Escalamos prácticamente en ensamble hasta la Vira Intermedia.

Después ya topamos con la cordada de tres: un guía con una pareja de unos sesenta años. Escalan y resuelven todo muy bien. Por detrás de nosotros no viene nadie.
A partir de la vira intermedia los largos son más verticales. Ya empezamos a ver todas las cordadas. Vamos escalando largo tras largo.

Después de cinco largos preciosos llegamos a las chimeneas mojadas. Hay un tapón de gente esperando. Cuando las escalo, no me extraño en absoluto: son dos largos de chimeneas abiertas de V grado, mojadas, difíciles de escalar y con muchas posibilidades de patinar.


Después de superarlas vienen otros dos largos de diedros, ya secos, pero sobre una roca más dudosa. Optamos por salir rectos al Espolón Norte y, desde allí, seguimos la arista hasta la cima.



Son las siete de la tarde.No vale la pena iniciar el descenso. No lo conocemos y llegaríamos al refugio Gianetti muy tarde, probablemente sin opción de comer ni de dormir.
Cenamos una barrita energética y dormimos en el vivac, compartiendo el espacio con otras cuatro personas que han llegado desde el Espolón Norte. El lugar es claustrofóbico. Tengo la litera de arriba prácticamente pegada a la cara. Aun así, está bien aislado del frío y, con una manta fina, se está muy bien.
El descenso
A la mañana siguiente iniciamos el descenso por la normal del Badile, por la cara sur.
Se baja caminando hasta llegar a unos rápeles, siempre en tendencia hacia la derecha. En el tramo final, en lugar de seguir la repisa ascendente hasta encontrar la cruz y bajar por la canal, que es lo que marca la reseña y es lo más seguro, hacemos dos rápeles de fortuna hasta las repisas situadas por encima del glaciar
Luego, en una hora caminando, llegamos al refugio Gianetti, donde hoy vamos a descansar e intentar proyectar una buena actividad en la zona para el día siguiente.


Por la tarde, mientras hago estiramientos, no puedo evitar pensar en la lógica de esta vía.
Me encanta la dificultad, pero siempre intento volver al alpinismo clásico para entender la escalada. Hay algo especial en estas grandes rutas: la dificultad no es el único objetivo. Está la línea, el terreno, la historia, la exposición y la manera en que todo encaja.
Para mí, la cara norte del Piz Badile es una obra maestra de los alpinistas de Lecco. Quizá por eso, cuando estás en la pared, resulta difícil verla únicamente como una sucesión de largos. Hay algo más. Estás siguiendo exactamente la línea que aquellos hombres buscaron y abrieron por primera vez hace casi noventa años.

La vía Cassin fue abierta en julio de 1937 por Riccardo Cassin, Vittorio Ratti y Gino Esposito, junto a los comasques Mario Molteni y Giuseppe Valsecchi. En realidad, las dos cordadas comenzaron la escalada por separado y terminaron uniéndose en la pared. Tres días de escalada, mal tiempo y una retirada que acabaría siendo trágica: Molteni murió de agotamiento y exposición en la cumbre y Valsecchi durante el descenso, muy cerca del refugio Gianetti.
Cassin, Ratti y Esposito consiguieron sobrevivir. Aquella ascensión se convirtió en una de las grandes epopeyas del alpinismo clásico y, todavía hoy, la vía lleva inevitablemente a pensar en aquellos cinco hombres que se enfrentaron a la enorme pared de granito con los medios de esa época.

Guille Cuadrado








