«Racs» 300 m, 7a+ (6c o 6b/A3 obligado): a vista en la Pared de la Cascada, Ordesa

Un día, en Bariloche, mientras volvía del otro lado del río en kayak, me crucé con Patón, un argentino que acabaría viviendo en Monistrol de Montserrat, siendo prácticamente mi vecino.
Ahora llevamos unos meses escalando juntos. Se acerca el verano y, con él, algunos días de vacaciones. En julio me propone ir a Ordesa. Ninguno de los dos hemos escalado allí y, además de ser un destino relativamente cercano, es una visita obligada para cualquier escalador.
La información no nos falta. En este pueblo hay escaladores que bien podrían elaborar una guía de Ordesa ellos solos. Víctor Esteve y Juani Espuny han estado allí hace poco y nos dan un flash muy bueno: el vivac bajo la Pared del Gallinero, protegido por una cueva y a cinco minutos de un arroyo, a la altura de las Gradas y cerca de la vía Rabadá-Navarro, va a ser clave.
Pared del Gallinero: Edelweiss
El 4 de julio de 2007, después de pasar un par de días escalando en Rodellar, llegamos a Torla. Aparcamos el coche en la entrada del pueblo y cogemos el autobús que lleva hasta la Pradera de Ordesa.
Comenzamos la aproximación y, después de una hora y media, llegamos al vivac. Desplegamos todo el material y enseguida nos vamos a hacer la Edelweiss, 400 m, 6c, en la Pared del Gallinero.
En el pie de vía coincidimos con Josune Beriarzu y Ricard Otegi. Están abriendo una línea que comienza desde el segundo largo de esta ruta.
Podemos hacerla toda a vista. Alucinamos con una escalada atlética y desplomada. El lugar es único.

La vía Edelweiss fue abierta los días 6 y 7 de julio de 1981 por Jesús Gálvez y Félix de Pablos, en plena época dorada de las aperturas en Ordesa.
Se abrió mediante un estilo mixto, con artificial de hasta A3, combinado con salidas en libre, una de las características de esta cordada, donde el coraje sustituía muchas veces a los clavos.
Los pies de gato apenas comenzaban a utilizarse en Alpes y Yosemite. Aquí todavía se escalaba habitualmente con bota rígida, eso sí, con suela Vibram. En cuanto a la autoprotección, los friends todavía no habían llegado a España. Se utilizaban clavos, stoppers y hexcéntricos, entre otros materiales.
El uso de bongs y tacos de madera para proteger las fisuras era algo habitual. En los largos superiores de la vía, la cordada llegó a quedarse sin material y tuvo que rapelar varias veces para recuperar clavos de los largos inferiores.
Sorprende la hazaña: abrir semejante itinerario en solo dos días y con aquellos medios. El nombre de la vía hace un guiño a la flor de nieve que encontraron en la cima.
Pared del Libro Abierto: Misógenos
El 5 de julio, a primera hora, ya estamos en el pie de vía de Misógenos, 400 m, 7a/7b (6c, A2 obligado), en la Pared del Libro Abierto.
Es una vía difícil, con algún largo expuesto. Me motiva especialmente la escasez de expansiones y el grado de dificultad en libre que exige. Estoy dispuesto a darlo todo.

El largo clave, de 7a/7b, desploma mucho y me parece muy físico. Consigo ir empotrando las rodillas mientras practico la autoprotección. Haber estado unos días en Rodellar me ha dado una muy buena transferencia.
Al final de los techos aparece un paso de bloque con lance y lactato incluidos. El resto de largos son también increíblemente buenos. Hacemos toda la vía a vista y la vivencia de este día seconvierte en un fuerte abrazo.

Esta ruta fue abierta en julio de 1995 por G. Martín y J. C. Guichot.
Somontano
El 6 de julio, ya un poco cansados, vamos a por Somontano, 400 m, 7b (6b+ obligado), también en la Pared del Libro Abierto.
Es una vía más equipada que la del día anterior, pero más exigente en cuanto a dificultad. Podemos hacerla toda a vista excepto el largo de 7b, común con Sol Negro.
Es una sección difícil sobre una placa desplomada y con poco canto.
La vía también nos parece muy buena: roca excelente y una protección mucho mayor. Ideal para un día como hoy.
Al día siguiente hacemos un descanso activo. Bajamos hasta el coche y aprovechamos para hacer un porteo de comida.
Racs: una joya de Jesús Gálvez
El 8 de julio, temprano, empiezo el primer largo de Racs. Voy tenso. La ruta empieza con 7a y hay que calentar sobre la marcha. Tiene un paso difícil que puedo proteger con un friend del #1. Lo encadeno.
Cuando encaras una ruta con varios largos difíciles, el primero es determinante. Si sale, parece que la tensión se estabiliza y todo puede ir bien.

Después vienen unas fisuras muy buenas y desplomadas. La vía no tiene expansiones e invita constantemente a la autoprotección.
Llegamos al largo expuesto de 6c, un antiguo A3. Lo hago bien. Unos pasos finos y después un flanqueo sobre roca dudosa.
A partir del sexto largo la dificultad afloja, pero la pared está llena de córvidos y sus graznidos parecen advertirnos de que no pasemos. Patón se queda un rato frenado. Le hacen varios amagos de ataque y finalmente consigue pasar.
Otra de las grandes que hemos podido hacer a vista.

Racs es otra joya de Jesús Gálvez, esta vez junto a M. A. Casals, abierta entre el 3 y el 5 de julio de 1984.
De su filosofía de anteponer la escalada limpia a los recursos artificiales nació esta reliquia: una ruta astuta, de roca espléndida, gran ambiente y dificultad.
Rabadá-Navarro: un final bajo la lluvia
El 9 de julio de 2007, El último día de la estada, nos metemos en la Rabadá-Navarro.
Consigo pasar el techo encadenando. Es un largo impresionante.
En la segunda parte empieza a llover con fuerza. Decidimos salir por un escape entre el Pilar de Cotatuero y la Pared de la Cascada. No resulta nada fácil salir de allí. Al final de las rampas herbosas nos espera un resalte de sexto grado. Finalmente conseguimos acceder a la faja y bajar por las clavijas de Cotatuero.
Recogemos todo y volvemos unos días a Rodellar , donde todavía puedo hacerme con Coliseum, 8a, y varios 7c a vista.
Ordesa, una lección de historia
En uno de esos despertares desde el vivac, ya de vuelta en terreno deportivo, miro hacia atrás y vuelvo la vista hacia Ordesa.
Entonces pienso que estas paredes son, sobre todo, una lección de admiración hacia quienes las abrieron.
Hay muchas paredes difíciles y expuestas, pero allí los bloques parecen sostenerse unos con otros, empotrados entre sí o pegados a una especie de arenisca que el calor del verano ha ido secando y endureciendo.
Las paredes, las fisuras, los techos, la exposición… Todo transmite la sensación de estar ante un lugar que exige respeto.
Sencillamente impresionante.
Guille Cuadrado








